CAPITULO I - TODA LA VERDAD SOBRE JUANA LA LOCA
CAPITULO I
UN POCO DE SU HISTORIA
La reina Juana fue la tercera hija de Fernando II y de Isabel I, los Reyes Católicos. El 6 de noviembre de 1479 nació en Toledo y fue bautizada con el nombre del santo patrón de su familia.
Demostró desde muy niña una inteligencia fuera de lo común, recibiendo a su vez una esmerada educación propia de una infanta. Juana fue alumna aventajada en comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras y manejo propios de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música, entrenamiento como jinete y el conocimiento de lenguas romances propias de la península Ibérica además del francés y latín. Tuvo varios preceptores, pero destacaron dos principalmente, el sacerdote dominico Andrés de Miranda y la amiga y tutora de la reina Isabel, Beatriz Galindo, apodada «la Latina», también se ocupó de su educación su madre, a tiempo parcial ya que, sus deberes de gobierno no pudieron dejar mucho tiempo para ocuparse de una hija a la que, según se comentaba en la corte «nunca llegó a entender y dirigir».
Así creció Juana, que además de inteligente era bellísima, según los cánones de belleza de la época.
Pronto, no obstante, se manifestó en Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja; en cambio, los RRCC tenían distinto plan para la atractiva Juana, habían concertado un matrimonio de conveniencia para su hija.
Cuando Juana se enteró de que sus padres la iban a casar, aconteció lo que llamaron el primer ataque de locura, no fue tal, lo que tuvo fue un conato de ira, que dejó a los monarcas desubicados, ya que Juana, siempre había sido una niña modélica que no decía una palabra más alta que otra, es cierto que, tiró afeites al suelo y otros utensilios de menaje de sus aposentos, chilló y dio una bofetada a su preceptora Beatriz, pero una vez calmó su furia, volvió a ser la de siempre, pidió que la dejaran sola para recostarse y pensar en su futuro.
Una vez sola, dio rienda suelta a sus impulsos, siguió tirando frascos, almohadones y todo lo que iba encontrando a su paso mientras chillaba.
¿Cómo la podían hacer esto sus padres, cómo podían desposarla? apenas tenía 16 años, pero sobretodo estaba locamente enamorada del chambelán Prudencio, ella no quería casarse, deseaba seguir de amoríos con Pru, como le llamaba en la intimidad de sus aposentos, ¡pardiez!!!
Ella disimulando sus furores uterinos delante de la corte, haciendo creer a todo el mundo que quería ser monja y lo que estaba preparando era su huída de palacio…y ahora…esto -pensó-.
N. Angulo
NOTA: Escrito en clave de humor, mezcla realidad con ficción ¿o no?
