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La Coctelera

n-angulo

29 Diciembre 2010

ESPIRITU NAVIDEÑO (SEPTIMA PARTE)

Día 30 de Diciembre.

Del diario de Julia.

Ayer fue un día extraño y triste, después de la conversación con Joaquín, salí de su habitación en un estado de agitación tremendo, desde el salón le oía hablar solo, gimotear y llorar, tenía ganas de entrar y abrazarle y decirle que olvidase todo, pero no, debo mantenerme fuerte, ya es mayor y debe emanciparse, además Vicente y yo estamos viendo la posibilidad de vivir juntos. Mi hijo no salió de su habitación en todo el día y hoy por la mañana le he oído marcharse muy temprano. ¡Que sufrimiento más grande!

Mañana es Nochevieja y no sé que va a pasar.

Del diario de Joaquín.

Hoy estoy más calmado y frío, hay que tener la cabeza fría para tomar decisiones. Ayer no salí de mi habitación, no tomé un bocado en todo el día, no me apetecía, pero la verdad es que hoy estoy desfallecido.

Me encuentro melancólico y triste, muy triste, echo de menos mi niñez, cuando mi madre me quería y era una mujer decente y amorosa con su familia y me llevaba al Parque de Atracciones.

Acabo de tener una idea, me voy al Parque de Atracciones a pasar el día y así no pensaré, esta noche hablaré con mi madre para decirla que a primeros de año buscaré vivienda y en el momento que encuentre algo que me convenga me marcharé.

Mañana es Nochevieja y no sé que pasará.

Día 31 de Diciembre.

Del diario de Joaquín.

Francamente porque no creo en los hados, ni en los malos augurios o en el mal de ojo, pero si creyese en ello, diría sin temor a equivocarme, que alguien me está haciendo vudú, o sea, eso del muñequito y los alfileres o algo parecido. Esto es atroz, me tengo que calmar porque sino, me será imposible escribir mis sufrimientos de ayer y si no lo escribo ahora, se me olvidará...bueno que tonterías digo, esto no se me olvidará en mi puta vida. Además me he enamorado perdidamente.

Ayer dejé pronto mi casa, no sin antes prepararme un desayuno como dios manda, me hice también unos bocadillos para subsistir en el Parque de Atracciones, ya que, comer allí es muy caro, también me llevé un par de cervecitas.

Fui paseando tranquilamente por el recinto y no paraba de llorar viendo a las familias, a los niños agarrados de las manos de sus padres llenos de confianza, la gente me miraba, tenía que calmarme. ¿Dónde estaba mi niñez, dónde la confianza? Seguí deambulando y llorando cuando vi una vieja atracción que me gustaba mucho, saqué un billete y me introduje en El Tren de la Bruja, no dejé que ningún niño se sentase a mi lado en el vagón, cuando hacían intención les daba un pequeño manotazo y sus padres me miraban con cara de mala leche...no quería compañía.

El tren comenzó su paseo y yo me empecé a relajar un poco, estaba en plena ensoñación, cuando sentí un fuerte golpe en la cabeza, tras gritar me volví y allí estaba la bruja dándome de escobazos y subida en mi vagón, empujé a la bruja, como broma estaba bien, pero se estaba ensañando conmigo la cabrona. El tren seguía y yo perdí de vista a la bruja, o el brujo, porque como son actores que se disfrazan no se sabe muy bien el sexo. En fin, iba de nuevo relajado aunque me dolía un poco la cabeza y el hombre izquierdo, cuando recibí otra serie de golpes o escobazos en la cabeza...¿Pero se había vuelto loca la bruja? Volví a empujarla y cayó al suelo, todos los niños cercanos empezaron a insultarme y decirme que era “el hombre malo”, viví una pesadilla hasta que el tren llegó a su destino. Abandoné la atracción entre los insultos de los niños y de algunos padres que ya sabían que yo había empujado a la bruja.

Un poco más tarde, me senté en un banco, que estaba helado, por cierto, para tomarme un bocadillo de chorizo con una cervecita.

Mientras estuve comiendo, recordé otro sitio donde me llevaban mis padres, “La casa del terror” y después de dar unas vueltas para entrar en calor y bajar el bocadillo de chorizo a los pies, ya que, no me paraba de repetir el pimentón, me fui acercando a la atracción.

Y me introduje, sin sospecharlo, en el infierno.

Mientras iba deambulando por los recovecos de la casa del terror, me iba encontrando a los monstruos, cosa lógica, si no fuese porque éstos solo me atacaban y asustaban a mi, llegó un momento que empecé a sospechar si no me estaría volviendo loco y padeciendo de manía persecutoria.

Pero no, no padecía manía persecutoria, el acoso de los monstruos no era una manía mía, era una realidad, me seguían, chillándome y pegándome, incluso un monstruo, que era mujer, me empezó a llamar pedófilo y psicópata, no aguante más y me arrojé a ella a la vez que la ponía las manos en el cuello, me tuvieron que separar de esa asquerosa entre varias personas, si no lo hacen, creo que la hubiese ahogado...estaba soportando más dolor del que un ser humano puede aguantar. Con el jaleo, entraron varios guardas jurado a la atracción y nos condujeron a la chillona y a mí a comisaria, íbamos en el mismo coche y nos íbamos insultando, ella me decía una y otra vez ¿no tuviste bastante con los escobazos, cabrón?

Ya en comisaría, pude explicarme, pero no se si me entendieron bien, no paraba de llorar envuelto en pleno ataque de nervios. Les dije entre sollozos que había ido en busca de mi infancia, que mi madre...etc...en fin, todo lo que aconteció en estos días, no me voy a poner a escribirlo otra vez.

Por su parte la chica, se quitó el disfraz de Miércoles Adams y pude al fin verle la cara, para mi sorpresa resultó se la criatura más guapa y más dulce que había visto en mi vida.

Ella también contó su versión, dijo que le pareció raro ver a un hombre hecho y derecho solo, en una atracción infantil y que no me quitó el ojo de encima, que no pudo contenerse y me dio de escobazos pensando que podía ser un pedófilo, además que cuando cambió su turno y entró en otra atracción y me volvió a ver, se lo dijo a sus compañeros y empezaron a perseguirme y acosarme.

Me pidió perdón y el teléfono.

En comisaria me sugirieron que llamase a alguien ya que no estaba en condiciones de coger el metro, me estuvieron además mirando los golpes y vieron que carecían de importancia, que de momento solo tenía herido mi orgullo, llamé a mi madre a casa y como no me contestaba, la llame al móvil.

Del diario de Julia.

Esto es muy fuerte, me voy a recoger a mi hijo a una comisaría donde le han tenido retenido por un presunto caso de pedofilia, llamaré a Vicente para que me lleve porque soy incapaz de conducir, me tiemblan demasiado las manos.

Sin duda alguna, mi hijo acabará conmigo, yo no llego a final de año, no llego.

 

N. Angulo

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