ESPIRITU NAVIDEÑO (SEXTA PARTE)
29 de Diciembre
Del diario de Julia.
Mi hijo se encuentra mejor después de lo acontecido ayer en la Pista de Hielo, ¡madre mía! Que golpe se dio el pobre y como ya he dicho, al verle casi me da algo. Vicente y yo nos habíamos estado riendo a mandíbula batiente del último que iba en el látigo, yo no reconocí a mi hijo porque de lejos veo fatal y cuando acudí, como el resto de la gente en su auxilio y le vi en el suelo, pálido, desmayado, me dí cuenta que el amor de madre es infinito.
Le llevamos en volandas a la enfermería y poco a poco fue recobrando el conocimiento, se quedó un tanto confuso cuando me vio delante de él, pero le expliqué que casualmente yo también estaba allí y que él se había caído, en su confusión, le preguntó a Vicente si podía marcharse a casa, creía que era el doctor y yo le dije sin más preámbulos que era mi novio, mi pobre Joaquín, volvió a desvanecerse.
Volvimos a casa todos en la ranchera de Vicente, ya recogeríamos más tarde el coche de Joaquín, mi hijo me fue contando que mi hermana llegó cuando él se disponía a salir de paseo y que entonces decidieron que mis sobrinos diesen una vuelta con su tío y mi hermana se quedase en casa meditando. La verdad, yo creo que mi hermana no tiene mucho que meditar, si acaso la mejor artimaña para hacer que mi cuñado se duche, pero creo que eso en una misión imposible.
Al llegar a casa, Vicente no quiso entrar, dejó su coche aparcado delante de mi casa y se marchó dando un paseo a por el coche de Joaquín.
Me fundí en un estrecho abrazo con mi hermana y después entre las dos, acostamos a mi hijo que todavía estaba un poco aturdido. Mis sobrinos se lo estaban pasando de miedo, cada vez que recordaban a mi hijo tirado en la pista de hielo, les daba una especie de ataque de risa ¡¡ay, niños!!
Mientras mi hijo descansaba mi hermana y yo estuvimos hablando, la pobre no paraba de llorar, me dijo que había tomado la decisión de dejarle, pero que en las horas que había estado sola, sin los niños, se había dado cuenta de que le quería, no sabía porqué, cosas del amor, me dijo. Resolvió que no le iba a dejar, porque aparte de que le amaba, tenía dos niños y había que pensar en ellos, pero que le daría un ultimátum, o se duchaba y se desincrustaba la mierda de las manos, o no volvía a dormir con él. Está claro que el amor tiene unos caminos misteriosos.
Bueno, no lo demoro más, ya estoy sola, mi hermana y sobrinos se marcharon ayer a última hora y yo apenas pude hablar con Joaquín, cada vez que entraba en su habitación para ver cómo se encontraba, estaba con los ojos cerrados. Es el momento de las explicaciones.
Del diario de Joaquín.
Y aquí estoy, en la cama, después de lo acontecido ayer e imaginándome a mi madre con el tal Vicente, no puedo, no puedo, me resisto a creer que tenga un amante...oigo pasos, dejo el diario, será mi madre.
Del diario de Julia.
Entré en la habitación de mi hijo y subí las persianas, total, ya había descansado suficientemente. Me senté en el borde de su cama y cogiéndole la mano, le hablé serenamente.
Comencé por la conversación que teníamos que haber tenido el año pasado, sobre su conducta indecente y deplorable, él, de vez en cuando intentaba interrumpirme, pero le miraba, (siempre se ha sentido amedrentado por ciertas miradas mías) y continuaba hablando, le dije que ya era mayor y que necesitaba intimidad y que yo, a mi vez, la deseaba también. Le dije que ganaba lo suficiente para irse a un apartamento, que se marchase de casa a primero de año y allí en su soledad tuviese un ejército de muñecas hinchables si quería y diese rienda suelta a sus perversiones sexuales. No me dejó terminar la frase y comenzó a llorar como una magdalena...que si se sentía abochornado, que si él no era un sátiro ni un pervertido, que no comprendía que le pasó, que le regalaron la muñeca y él la iba a tirar...que si patatín, que si patatán y de pronto, chillando como una rata me dijo que no me consentía tener un amante. Le crucé la cara, si, ya sé que no debería haberlo hecho, pero quién es él para decirme que no me consiente, soy su madre y hago lo que me da la gana, estaría bueno. Intenté sosegarme y él mientras tanto, más histérico que nunca seguía gritándome; que yo no podía tener un amante, que solo imaginarme en la cama con un hombre le daba náuseas, que mancillaba a su pobre padre. A mí me daba la risa (nerviosa, eso si) porque no sabía dónde había estado metido mi hijo con esas ideas tan arcaicas. Le pregunté, que de dónde se creía que había nacido él, ¿del espíritu santo o que le había traído la cigüeña?...y Joaquín seguía llorando y chillando como un histérico, me tuve que ir de la habitación por no partirle la cara y quitarle el histerismo de una vez por todas.
Del diario de Joaquín.
Efectivamente era mi madre y hemos hablado, bueno, más bien ha hablado ella porque yo no he parado de defenderme, llorar y chillar, veo nublado por efecto de las lágrimas y me tiembla la mano mientras escribo, pero necesito escribir antes de que se me olviden las atrocidades que me ha dicho mi madre, ¡ah y me ha dado una hostia!, según ella, para quitarme el histerismo.
O sea, que me pone verde, de vuelta y media y me ha reconocido que tiene un amante y además me pone de patitas en la calle. Después de insultarme más allá de lo concebible, de llamarme sátiro y pervertido sexual, va y me pregunta, como si yo fuese un subnormal, que de dónde me creía que había venido yo, se ha permitido el lujo de hacer burlas sobre el espíritu santo y las cigüeñas. Debo reconocer a estas alturas de mi vida, que vivo con una extraña, no la reconozco...una viuda alegre, eso es lo que es y una fresca...o sea, que cuando yo creía que estaba jugando al mus con sus amigas, ella, la muy ladina, estaba retozando como una cafre en la cama de cualquier garito, en cualquier lupanar de mala muerte...ella, mi madre, mi santa, a la que he venerado desde niño, ha resultado ser y lo digo con todo el dolor de mi corazón “una cualquiera”... además el sinvergüenza de su amante, la está introduciendo en la bebida, (últimamente la he visto “piripi” más de una vez), o vete a saber, en qué otro tipo de vicios...no, no quiero ni imaginármelo, mi madre cayendo vertiginosamente en el mundo del hampa y la perdición. ¡Claro que me voy de aquí, de este antro, de este submundo del delito! Ahora mismo compro la prensa y me pongo a buscar apartamento y lo más lejos posible...no puedo...no puedo...dejo de escribir, las lágrimas me impiden continuar.
N. Angulo
