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La Coctelera

n-angulo

22 Febrero 2011

SUEGRAS

Hoy quiero reflexionar sobre las suegras.

 

También veréis reflejados a algunos suegros, pero sabemos que esto es circunstancial, las SUEGRAS, son las suegras.

 

Hay mujeres que no entienden que han sido y son el vehículo que trajo a sus hijos al mundo. Sus hijos no están en régimen de propiedad, ni tienen que llevar siempre el cordón umbilical a cuestas.

 

Hay mujeres que piensan que por el mero hecho de haber parido, ya tienen un derecho adquirido de por vida con sus vástagos. Debo decir que no pueden estar más confundidas y aunque físicamente corten el cordón umbilical, psíquicamente lo llevan unido indefinidamente; ésto hace que manejen los hilos de la vida de sus hijos más allá de lo tolerable. Con esta actitud dañan las relaciones de sus hijos e impiden que lleven una vida libre y decidida.

 

Debo añadir que esto no ocurriría si no existiese consentimiento por parte de los hijos, los hay que rompen el cordón umbilical inmediatamente y no ceden un ápice, lamentablemente hay otros que no lo hacen y aceptan el comportamiento de su madre como algo normal y cotidiano, no solo no impiden este comportamiento sino que en el fondo les alaga y gusta. Debido a esta actitud difícilmente pueden llevar adelante una relación de pareja.

 

El diálogo entre las parejas es imprescindible y la sinceridad también.

 

Existen unas pautas de comportamiento que avisan del peligro del “efecto suegra”.

 

Mujer: si tu pareja continuamente te compara con su madre...malo, muy malo.

 

Hombre: si tu pareja está todo el día en casa de su madre o la llama más de lo debido para cualquier cosa...malo, muy malo.

 

Si una de las dos partes ve que su suegra se mete constantemente en sus vidas, hay que tomar medidas al respecto más pronto que tarde, existe un dicho popular que reza así: “más vale una colorada, que ciento amarilla”. Mejor decir las cosas una vez aunque duela que repetirlas cien veces, para cansancio e indiferencia del que escucha.

 

Una de las medidas por supuesto es poner a la suegra en su sitio desde el primer momento, no pasar ni una porque se crecen, una vez dado este paso, el siguiente es hablar con la pareja y dejarle bien claro que la unión es de dos y tres son multitud.

 

Otra medida importante es no vivir cerca de los suegros, hay que poner tierra por medio, una vez más acudo al refranero popular y sabio; “el casado, casa quiere”.

 

He sabido de mujeres que han exigido a sus hijos varones un regalo por el día de los enamorados, se han sentido celosas cuando su hijo ha obsequiado a su pareja unas flores, bombones o cualquier otra dádiva y enfadarse muchísimo porque a ella no le ha regalado nada. Estas señoras parece ser que olvidan, que son madres, no amantes de sus hijos.

 

Hace tiempo yendo en el autobús, sin querer escuché una conversación entre dos mujeres, una le decía a la otra; “mi nuera es un desastre, no sabe cocinar, cuando mi hijo llega de trabajar no tiene la comida o se la prepara él, menos mal que me tiene a mi”. La conversación continuó y me pude enterar de que su nuera trabajaba al igual que su querido hijo. Reconozco que tuve que morderme la lengua para no decirla: ¿Señora, su hijito no tiene manos para cocinar o necesita una cocinera particular? Parece ser que el hijo iba a comer a casa de su madre a diario, sus ricas croquetas, que nadie hace como ella.

 

Aquí tenemos el caso típico del hijo que tampoco ha roto el cordón umbilical y está encantado con los cuidados matriarcales. Seguro que en casa a su pareja le reprocha una y otra vez que no cocina y lo bien que lo hace su querida madre. Por supuesto aquí la mujer tiene que ponerse fuerte y decirle, “vete con tu madre” o bien “como no sé cocinar, hazlo tú para los dos”.

 

Una de las cosas que unen más a las parejas, es la admiración mutua. Si una de las partes que forman la pareja, siempre menosprecia al otro en aras de su madre, está claro que no debe vivir en pareja, lo ideal sería que esté siempre al lado de su mamá y sus brazos protectores.

 

No dejéis que vuestra pareja se vaya al garete por no hablar claro, por no sinceraros, por no parar los pies a la suegra.

 

N. Angulo

 

 

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