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La Coctelera

n-angulo

7 Marzo 2011

NUNCA ES TARDE PARA CAMBIAR

 

Nunca es tarde para cambiar modos y maneras.

 

Creo que es el momento de romper con los tópicos y las etiquetas.

 

En mi deambular por la vida me he encontrado con gentes magníficas y con desalmados. Su carácter o comportamiento nada tenían que ver con sus ideales políticos, el color de su piel o su país de nacimiento. La bondad o la maldad en un ser humano, va más allá de gustos, o asentamientos geográficos.

 

Tenemos arraigada la fea costumbre de etiquetar y me incluyo, aunque os aseguro que llevo años intentando cambiar y no voy por mal camino, tengo mis logros. Como os iba diciendo, tenemos la costumbre de etiquetar y generalizar.

 

“Todos los de derechas son unos fascistas y malas personas”

 

“Los de izquierdas son unos cabrones”

 

“Todos los moros son unos fanáticos”

 

“Los judíos tienen el dinero y el poder”

 

“Los gitanos unos vagos”

 

“Los madrileños chulos”

 

“Los catalanes agarrados”

 

“Los argentinos psicólogos”

 

Podría seguir con los tópicos existentes pero me llevaría posiblemente todo el día recordarlos y exponerlos en este artículo.

 

Creo sinceramente que tenemos que ir dejando atrás estas costumbres ¿no os parece?

 

He conocido personas, que debido a su postura extremista y radical, no han sido ni son amigos míos, que precisamente en nombre de estos tópicos han demostrado su cerrazón. Personas que considerándose de la izquierda, por ejemplo, jamás han tenido un amigo de derechas y viceversa. Se han movido y se mueven en círculos cerrados, peor para ellos, no saben lo que se pierden.

 

Considero que estas gentes en el fondo tienen miedo a profundizar, no vaya a ser que se encuentren con la sorpresa de que la persona que tienen enfrente, pero debido a sus prejuicios la consideran una enemiga, es un ser magnífico, aunque no coincida para nada con sus ideas políticas o de otra índole.

 

Hay otro tipo de personas que si tienen “amigos” diferentes, pero pasan su tiempo evangelizando, intentando llevar a su terreno, a sus creencias e ideas a los demás, hasta resultar opresivas y pesadas, con lo cual es fácil que se vayan quedando solos.

 

Si alguna ventaja tenemos los seres humanos es la libertad de nuestros pensamientos; en nosotros está el no permitir que nada ni nadie influya en ellos.

 

Precisamente los tópicos se crean por las influencias externas recibidas durante siglos. Han ido penetrando poco a poco y haciéndose un hueco en nuestro cerebro que ya es hora de desechar.

 

Hay que abrir la mente, no hay que ir por la vida con una cerrazón constante, sin dar oportunidades a otras gentes que consideramos diferentes, pero que no lo son en absoluto.

 

Cuando tenía más o menos veintitrés años, conocí a uno de los hombres mas maravilloso y bondadoso que he tratado en mi vida, tuve la gran suerte de que se cruzase en mi camino, o yo en el suyo. El tenía cincuenta y tantos. Cuando nos presentó, un amigo común, ya nos etiquetó a ambos: “Aquí fulanito, franquista de pro, aquí Nieves, la acaban de despedir del trabajo por roja”. Esta fue más o menos la presentación. Recuerdo que nos miramos de arriba a abajo y nos dimos un beso diciendo ambos, “encantado/a”. Desde ese día nos hicimos inseparables, me ofreció trabajo de comercial en su imprenta, sabía mi situación, que necesitaba un trabajo con urgencia, que estaba estudiando y tenía gastos, no me pudo dar de alta, pero me hizo ganar el dinero que necesitaba. Con él probé por primera vez las angulas de Aguinaga, no la mierda que venden ahora. Nuestra amistad se basó en el respeto y la admiración mutua, él viudo, con tres hijos, yo viviendo con mi pareja. Pasados los años fue testigo de mi boda por el Juzgado. También quiso y admiró a mi pareja.

 

Ambos, rascamos, profundizamos el uno en el otro y nos dimos la oportunidad de demostrar que merecía la pena conocerse y posteriormente quererse, independientemente de nuestros “gustos o preferencias”. No tuvimos miedo ni prejuicios, arriesgamos y descubrimos los valores mutuos, ¿no es maravilloso?

 

Mis amigos tienen diferentes ideologías y creencias, pero esto no les hace diferentes ante mis ojos ni influye en mis sentimientos hacia ellos.

 

Hay un dicho popular que dice: “En la variedad está el gusto”. Creo firmemente en él y hasta ahora no he tenido motivos para creer lo contrario.

 

Abrid vuestras mentes, abrid vuestros corazones y ya veréis que gratas sorpresas os deparará la vida.

 

 

N. Angulo

Tags: topicos, miedos

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