ME VOY A LA CAMA

Reconozco que hay días que me gustaría meterme en la cama debidamente empastillada y dejar que transcurran esas 24 horas, hoy es un día de esos en que todo lo veo gris tirando a negro y estoy haciendo un enorme esfuerzo para no conducir mis pasos hacia mi habitación y seguir aquí enfrente de la pantalla y con mis dedos recorriendo el teclado del ordenador, para contaros como me siento en estos momentos.
Muchas veces hablando con mi pareja le comento que me gustaría ser una ignorante, (ignorante:
del ant. part. act. de ignorar; lat. ignōrans, -antis - 1. adj. Que no tiene noticia de algo. U. t. c. s.) para poder vivir al margen de todo, dentro de esa burbuja que es la ignorancia. ¿No será una manera de alcanzar la felicidad? La persona ignorante, vive de espaldas a la realidad y me pregunto, ¿si la realidad me hace infeliz, por qué no hago todo lo posible por ignorarla? Y llego a la conclusión de que debo tener algo de masoquista, porque no puedo, soy incapaz de que transcurra un día sin leer la prensa o ver un noticiario donde mayoritariamente me encuentro con desgracias naturales o provocadas por el hombre.
Japón, la tercera potencia mundial, asolada por un terremoto, un tsunami y ahora, en estos momentos, mientras escribo, la radiación se extiende por Japón debido a fallos en la Central Nuclear de Fukushima, ya que el sistema de refrigeración de sus reactores fallaron a consecuencia de dicho terremoto y la falta de electricidad produjo un calentamiento en dos de los cuatro reactores, o eso nos cuentan; Francia apunta a que Japón miente y que el peligro es aún mayor.
Por si estos desastres que provoca la propia naturaleza fuesen pocos, hay que añadir los que provoca el hombre, a saber: Múltiples guerras, de unas nos informan a diario, otras están ahí, olvidadas, agazapadas, pero son igual o más virulentas que las más populares. Estas guerras, nos cuentan que son debidas al odio entre pueblos, entre etnias, entre culturas o religiones. No estoy de acuerdo en absoluto; estás guerras siempre tienen detrás la ambición de los políticos y son éstos los que se encargan de rociar las mentes de los ciudadanos de mensajes subliminales sobre el odio. Casualmente los países que no tienen riquezas naturales que ambicionen los políticos suelen vivir en paz, su pobladores no saben de odios ni de problemas interraciales.
Que decir de otro de los temas que me causan sufrimiento, la política y sus representantes, sus malos representantes, sus corruptos representantes.
Estos días de tanta desolación y tantas desgracias, hay personas que comentan que esta catástrofe acontecida en Japón es una venganza de la naturaleza, otros apuntan a que es cosa de un dios, un ser superior que quiere darnos una lección. Debido a mi incredulidad con respecto a los seres superiores yo me voy por otros derroteros más científicos que me empujan hacia la geología, que es una ciencia que trata de la forma exterior e interior del globo terrestre, de la naturaleza de las materias que lo componen y de su formación, de los cambios o alteraciones que éstas han experimentado desde su origen, y de la colocación que tienen en su actual estado.
Mi incredulidad también me lleva a no creer en la justicia divina ni en la humana. He visto lo suficiente para llegar a la conclusión de que “el cabrón” se va de este mundo sin pagar por las cabronadas que ha hecho, no creo para nada en la frase que dice: El que la hace la paga, creo que esta es una de las frases más inciertas que existen. Los “malos” mueren, pero... ¿no morimos todos?
Mire para donde mire solo veo maldad, corrupción, aquí en el país donde vivo y en otros países. Veo incertidumbre y tristeza en los ciudadanos y caos, mucho caos.
¿Dónde están esas gentes que entraban en la política para hacer un mundo mejor?
En fin, es posible que hoy vea todo en un tono gris, como el día que me acompaña y que será mejor que me acueste y deje transcurrir estas 24 horas lo más rápidamente posible y quizás, solo quizás, mañana amanezca un día soleado tanto en los cielos, como en mi corazón que hoy no puede estar de otra manera y quizás, solo quizás, mañana vea lo que veo otros días, seres humanos maravillosos, bondadosos, luchadores, fuertes y sobretodo unos benditos crédulos, que me ayudan de nuevo a creer en que merece la pena vivir un día más
Me voy a la cama
N. Angulo
