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La Coctelera

n-angulo

2 Abril 2011

PAIDOFILOS (I)

Paidofilia.

  1.  

    f. Atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes.

Lamentablemente siempre han existido los paidófilos o pedófilos; estos hombres perversos, pervertidos, no han surgido en los últimos tiempos, lo único que ha surgido es la información. Esto ha sido posible gracias a que las víctimas han sido valientes y con miedo y vergüenza se han atrevido a denunciar el sufrimiento que han padecido. Gracias a las víctimas y solo a ellas, ha sido y es posible que estos hechos salgan a la luz, que se informe a los ciudadanos sobre la existencia de estos cafres y las aberraciones que cometen.

Cuando nuestros padres nos decían siendo niños; “no hables con extraños”, “no aceptes nada de extraños”, “no te vayas con extraños”, sabían bien porqué lo decían, querían protegernos de unos seres sin conciencia, sin escrúpulos y sin corazón, los paidófilos, por ello estos consejos pasaban de generación en generación y los padres siguen aconsejando así a sus hijos.

Voy a relatar un acontecimiento que por desgracia viví de cerca y que muestra como esta gentuza siempre ha estado entre nosotros, pero como digo, no había información, solo existía el “boca a boca”. Si alguna criatura era víctima de un abusador, la propia familia lo ocultaba, no trascendía, se vivía como una humillación y se quedaba entre las cuatro paredes de casa. Por otra parte tampoco las autoridades permitían la divulgación de estas noticias. España vivía en una dictadura y por supuesto el país era una balsa de aceite de prosperidad y bondad o eso quería que creyésemos y así lo transmitía el dictador.

Cuando tenía apenas unos diez años, una compañera de colegio que además era mi amiga puesto que compartíamos aula y pupitre, faltó varios días a clase; cuando volvió ya no era la misma, su cara estaba triste siempre y sus ojos marrones parecían haber empequeñecido, pero era una ilusión óptica debido a las lágrimas que vertían sin cesar. El mismo día de su regreso, a la hora del recreo y haciéndome jurar que no contaría a ninguna compañera nada de lo que me iba a decir, me narró la siguiente historia, por supuesto yo hice mi juramente y cumplí mi palabra al dedillo, nadie supo este lamentable acontecimiento por mí.

Diez días atrás, su hermana pequeña de seis años, pidió permiso a sus padres para bajar a la calle a comprar caramelos, quería gastar algo del dinero que le había dado su madrina; era un sábado de una noche de otoño, apenas las 21 horas y los puestos de caramelos cerraban más tarde. Sus padres no vieron mal en ello, la única condición que pusieron es que no fuera sola, que fuese con su hermana mayor, o sea mi amiga, a la que encargaron que ya que iba con su hermana comprase unos pasteles para tomar el domingo por la mañana y si eran buenas alguno esa misma noche. Tanto la pastelería como el puesto de caramelos se encontraban a menos de 10 o quizás 20 metros del portal donde vivían.

Las niñas bajaron a todo correr los tres pisos que las separaban de la calle, la mayor entró en la pastelería y le pidió a su hermana que no tardase y la recogiese en la pastelería para subir juntas a casa. Cuando la mayor entró en la pastelería estaban cerrando, pero como la niña era vecina y conocían a la familia la sirvieron el pedido, se demoraron un poco mientras ella seleccionaba los pasteles que más la gustaban, tenían que contener nata o chocolate, luego se sintió mal por seleccionar tan solo pasteles de su gusto y pidió alguno de crema o cabello de ángel que eran los preferidos de sus papás, mientra se los empaquetaban miró hacia la puerta porque oyó bajar el cierre del puesto de caramelos y sin embargo su hermana no llegaba. Pagó los pasteles y mientras los dueños bajaban el cierre, ella se quedó en la puerta esperando a su hermana. Preguntó por ella al señor del puesto de caramelos que pasaba por delante en esos momentos, el señor la dijo que precisamente había decidido cerrar y marcharse a casa porque llevaba más de media hora sin clientes...¿dónde estaba su hermana?

Esperó y esperó nerviosa y preguntándose dónde estaría su hermana, no quería subir a casa sin ella, sus padres se enfadarían, además a esas alturas ya estarían preocupados por la tardanza. Pensó y pensó y llegó a la conclusión de que seguramente su hermana se había ido con alguna amiga de los alrededores a jugar, no sabía que hacer, una parte de ella quería ir en su busca, pero si se alejaba del portal y llegaba su hermana...¿qué hacer? Al fin se decidió por subir a casa, lo hizo en un estado lamentable, entre lloros y temblores. Primero sus padres la regañaron, la increparon y chillaron, pero viendo el estado de mi amiga finalmente la abrazaron y trataron de consolarla. Por supuesto se olvidaron de cenas y pasteles; salieron a la calle en busca de la niña, recorrieron calles y plazas cercanas donde los críos solían jugar, se acercaron a preguntar a casas de vecinos y amigos y por último acudieron a la comisaría más cercana. Tanto la policía como los padres y algunos vecinos anduvieron en busca de la niña y ya por fin de madrugada y completamente exhaustos los padres se fueron a su casa, tenían otros tres hijos a los que atender y les habían dejado solos.

En casa les esperaba una sorpresa; a las 6 de la mañana una vecina subió a la azotea comunal a coger unas camisas de su marido que estaban ya secas para plancharlas, al lado de la puerta de la azotea, había otra puerta, un cuarto que contenía enseres de limpieza, la vecina oyó ruidos, abrió la puerta y allí estaba la niña, a oscuras, en un rincón, sin ropa y con la vista perdida, los ojos apenas se distinguían porque estaban muy enrojecidos, la carita llena de mocos y lágrimas ya secas; la habían violado, la habían quemado los genitales y los ojitos, por eso estaban enrojecidos, con unas cerillas que estaban apagadas cerca de ella, cuando esa mujer la encontró ya empezaban a salir las primeras ampollas en la piel de la niña. La vecina que había colaborado hasta hacía una hora en la búsqueda de la criatura enseguida dio la alarma, llamó a las puertas de los vecinos cercanos y de nuevo a la policía.

La niña siempre estuvo en ese cuarto, el violador la debió de coger en el portal en el momento que su hermana mayor entró en la pastelería.

Cuando mi amiga terminó, la abracé y la dije que ya sabía algo, no con detalles, pero que en el barrio ya había corrido la voz del suceso.

Después de este lamentable acontecimiento, ningún miembro de la familia volvió a ser el mismo. La niña dejó de asistir al colegio y supe por su hermana que iba a un centro de niños “raros”, es decir, la niña fue ingresada en un manicomio.

Dos años después cambié de colegio y perdí contacto con mi compañera de pupitre, no sé que ocurrió en los años posteriores con su hermana o si se encontró alguna vez al culpable.

Esto ocurrió en 1965, quiere decirse que siempre ha habido y siempre habrá (si no lo evitamos) desalmados y sin conciencia que dañen a criaturas indefensas más allá de los límites que puede aguantar un ser humano. ¿Cómo evitarlo? por supuesto denunciando y con condenando a estos indeseables con las penas máximas.

Este relato no es fruto de mi imaginación, que más quisiera.

 

N. Angulo

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ruedademolino

ruedademolino dijo

La verdad es que da un escalofrío tremendo

2 Abril 2011 | 05:12 PM

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