VLAD DRACULEA III (TEPES/EL EMPALADOR)

CAPITULO III
Antes de continuar con la vida de Vlad Draculea me gustaría hacer un poco de historia sobre sus antepasados, pero sobre todo hincapié de los tiempos que le tocaron vivir y su entorno, esto hará que se entienda mejor su carácter.
Vlad II, su padre, fue un noble rumano perteneciente a la familia de los Basarab e hijo ilegítimo del
voivoda Mircea cel Batran y de su concubina por aquél entonces María Tolmay, estas circunstancias hicieron que su vida fuese una lucha constante por el poder teniendo que demostrar continuamente su valía y su pertenecía, pese a ser bastardo, a la nobleza. Para tal fin se fue rodeando de personajes ilustres que le apoyaban y ayudaban; mantuvo una encarnizada lucha contra el poder otomano al igual que hizo posteriormente su hijo Vlad III. Fue voivoda de Valaquia y reinó entre los años 1436 a 1442 y posteriormente de nuevo de 1443 hasta 1447 fecha de su asesinato.
Conviene aclarar el significado de Dracul, apodo por el que fue conocido Vlad II hasta su fallecimiento. Dracul significa diablo, pero no tiene nada que ver con la figura del demonio cristiano, sino con el emblema de la Orden del Dragón y a la que pertenecía Vlad II desde 1431. Dicha Orden fue fundada en 1428 por Segismundo de Luxemburgo (rey de Hungría por aquél entonces), con el único fin de luchar y vencer a los turcos. En aquellas fechas la región de Transilvania estaba controlada por el reino de Hungría, eran los húngaros los que otorgaban tierras a los nobles valacos y títulos por sus hazañas contra los turcos, entre estos beneficiados se encontraba Vlad II debido a su heroicidad en las luchas contra los otomanos. En 1431 juró los votos de la Orden del Dragón ante el rey húngaro y a su nombre Vlad II, se le añadió Dracul.
También a tener en cuenta debido a su importancia es la época en la que vivió Vlad III Draculea.
En el siglo XV Transilvania (antigua Valaquia) fue escenario de cruentas luchas entre cristianos, turcos y los propios habitantes de esta amplia zona geográfica, a saber, eslavos, macedonios, serbios y croatas, evidentemente naciendo en medio de estos combates sin cuartel, Vlad III fue desarrollando desde su niñez unas descomunales ansias de lucha por conseguir la independencia de su país y para ello utilizó todas las armas y estrategias que tenía a su alcance, al igual que hizo su padre, manipuló a personas según su conveniencia, hizo y deshizo alianzas con turcos y húngaros, pero siempre por los intereses de su patria, por alcanzar la tan ansiada independencia de Transilvania, de ahí su fama de justiciero.
En lo que están de acuerdo todas las partes en discordia, tanto sus defensores como detractores, es en que fue un batallador incansable.
Después de un tiempo en la corte de Juan Hunyadi, Vlad III Draculea se hartó de ser un prófugo, de depender de la gracia de los demás, él quería lo que le correspondía con toda legitimidad, decidió marchar y emprender su propia lucha, cuando tomó esta decisión ya llevaba consigo arraigado aquel desprecio y la arrogancia cínica que forjaría su personalidad.
En 1456 Vlad III reinició su política comercial de expansión y comenzó a reclutar aliados. Seguían por supuesto las contiendas entre turcos y húngaros lo que él aprovechó para reforzar su poder y llevar a cabo sus propias luchas contra ambos bandos.
Debido al tiempo que había pasado con el Conde de Hungría y bajo su protectorado, consiguió que éste le ayudase a obtener el título que ostentaba Vladislav II, lideró un contingente de Transilvania ayudado por un noble de la Casa de Bathory, logró derrotar al voivoda e hizo que le ejecutaran en la plaza pública de Targusor, cerca de la antigua capital de Valaquia, se convirtió en Príncipe y consiguió que los reinos cristianos lo reconocieran como tal.
Como se verá a lo largo de esta historia, a los que no le reconocieron como Príncipe de Transilvania ni le guardaron el respeto que creía merecer, les esperaban unas muertes terroríficas; fue a partir de esos momentos cuando se hizo merecedor del apodo Tepes (El Empalador), sobrenombre que le cuadraba a la perfección.
N. Angulo
