UN DIA CUALQUIERA

Tenía una entrevista de trabajo, una más y ninguna fe, no en mí, por supuesto, sino en el sistema de elección de personal.
No estoy mal físicamente pero ya he pasado de los 30 y cada día se me hace más difícil encontrar trabajo. Me llama la atención que pidan experiencia pero si pasas de los 30 te ven vieja ¿y cuándo suponen que adquieres la experiencia ¿mientras estudias?
Solicitaban una persona responsable para coordinar un área de ventas, no tiene nada que ver con lo que estudié, no soy comercial.
Me puse el traje pantalón verde oliva, me sienta como un guante, la melena la llevaba suelta y algo rizada y como complemento los zapatos y el bolso color tabaco, no llevaba joyas, no me gustan, simplemente unos pendientes pequeños de plata y un anillo también de plata.
Salí pronto de casa con ánimo de ir andando, no quiero utilizar el bono-transporte más de lo necesario, me he vuelto muy mirada con el dinero ahora que escasea.
Llegué con tiempo así es que decidí sentarme un rato en un parque que había enfrente del edificio al que me dirigía, me retoqué los labios con un poco de brillo y me relajé un poco.
Me dirigí con tranquilidad hacia el ascensor, iba al piso 19 y todavía me faltaba un cuarto de hora para mi entrevista pero quería causar buena impresión, prefería esperar a hacer que me esperasen.
Cuando las puertas se cerraban entreví a un hombre moreno con traje gris que se acercaba corriendo hacia el ascensor y puse la mano para impedir su cierre, él hombre sin apenas mirarme me dio las gracias, en el ascensor íbamos 6 personas, cuatro hombres, una mujer embarazada y yo.
A la altura del 9º piso el elevador empezó a hacer unos ruidos y moverse de una manera peligrosa, nos empezamos a poner nerviosos pero el ascensor prosiguió su ascenso, no paró, otro movimiento brusco, una especie de chirrido, un golpe seco y parada.
El último hombre que se incorporó al ascensor empezó a agitarse y a golpear todos los botones, le dije que se calmase un poco porque no se ganaba nada poniéndose nervioso y golpeando el ascensor, me miró con cara de pocos amigos y comentó algo por lo bajini, yo hice oídos sordos porque lo que oí fue un insulto.
La mujer embarazada estaba empezando a sudar copiosamente, la pregunté cómo se encontraba y me dijo que tenía claustrofobia ¡vaya problema!.
Un señor medio calvo y algo obeso empezó a emitir una especie de ruidos acompañados de pequeños tic's nerviosos, el hombre que había a su lado, muy alto por cierto, le dijo que se calmase que enseguida nos sacarían de ahí...se fue la luz.
Se elevaron voces, oí jadeos y ruidos de movimientos y sentí que alguien golpeaba el suelo. Alarmada palpé mi bolso y encontré el llavero que lleva incorporado una pequeña linterna, rogué para que llevase pilas, ¡las llevaba!. Pedí calma y enfoqué una a una a las personas del ascensor, el señor de los tics estaba en un rincón en el suelo, parecía desmayado, le tomé el pulso y éste conservaba un ritmo normal, no hice nada por sacarle del desmayo, un problema menos. Enfoqué a la embarazada que seguía sudando mucho y estaba muy pálida, la dije si quería un poco de agua, siempre llevo una botella en el bolso porque camino mucho; aceptó y bebió con avidez, la linterna empezó a parpadear, seguíamos sin luz en el ascensor, solamente la pequeña de emergencia que alumbraba muy poco.
Como parecía que estábamos más calmadas, apagué mi linterna con ánimo de reservar un poco las pilas y pulsé el botón de alarma, parece ser que nadie tuvo la ocurrencia. Cuando mis ojos se habituaron de nuevo a la oscuridad observé que se veía mejor de lo que pensaba, distinguía perfectamente las siluetas, con asombro vi que un tipo que había en un rincón del ascensor estaba metiendo mano al bolso de la embarazada ¿será posible? Sin pensar le increpé y me contestó que buscaba cleenex para secar el sudor de la mujer preñada, ¡tendrá cara dura! El hombre alto le pegó un puñetazo y se enzarzaron los dos con insultos e intentos de golpes, pues no se distinguían bien y fallaban la mayoría. Entre el hombre del traje gris y yo les separamos, el señor gordito parecía que salía de su desmayo y la embarazada seguía sudando a mares, la ayude a sentarse en el suelo y me confesó que iba a la clínica del piso 16º pues estaba con contracciones...¡no me lo podía creer!
El señor alto se acercó a ella y la instó a que respirase compasadamente, la mujer estaba avergonzada, tenía la cara contraída de dolor, me arrodillé junto a ella, la tomé las manos y la dije que tuviese paciencia, que aguantase un poco que enseguida nos sacarían de allí....y se puso de parto, entre el hombre del traje gris y yo ayudamos a la mujer a tranquilizarse, no sabíamos que hacer, ella era primeriza y todos reconocimos que nunca habíamos tenido cerca a ninguna mujer a punto de dar a luz, el señor calvo se volvió a desmayar, estábamos desesperados.
De nuevo oímos ruidos en el ascensor, se encendieron las luces y las puertas se abrieron. Rápidamente sacamos a la embarazada del ascensor y pedimos ayuda a los dos señores de mantenimiento que nos esperaban ansiosos; llevaron a la mujer a otro ascensor y la condujeron a la clínica, no pude evitar sonreír, después de todo la daría tiempo a tener el bebé en condiciones.
El hombre del traje gris se presentó y me dio las gracias por mantener la calma mientras todos la habían perdido.
Estuvimos 5 horas en el ascensor, como pasa el tiempo y que relativo cuando estás desorientado.
El hombre del traje gris es mi jefe, por supuesto me contrató pero no para ese puesto sino para otro superior. Llevo trabajando 3 meses y hay un conflicto ya que tenemos que romper las normas de la empresa que impiden relaciones entre compañeros, pero bueno, al fin y al cabo es el jefe y puede cambiar las normas.
N. Angulo
