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La Coctelera

n-angulo

28 Junio 2011

FIESTAS

Hoy quiero reflexionar en este artículo sobre las “Fiestas lugareñas” y hasta dónde se debería llegar en estos días festivaleros para no incurrir en la falta de respeto y buena convivencia.

 

La falta de respeto de las Instituciones hacia los ciudadanos es sublime y por tanto, la falta de respeto entre los ciudadanos es moneda de cambio bastante habitual. Y esto, amigos, no es lo que se determina como convivencia en el respeto, sean o no fiestas.

 

Cuando un pueblo, una ciudad, una pequeña aldea celebra sus fiestas patronales o de otro tipo, todo el mundo sí o sí tiene que estar de fiesta; se cortan calles, se hacen desvíos imposibles, se anulan líneas de transporte, se toman vías públicas para colocar chiringuitos que están justo debajo de los domicilios de personas que haya fiestas o no, tienen que seguir con su vida y ésta es ni más ni menos que la de madrugar para trabajar. No se respetan horarios de descanso, se tiran petardos ruidosos y contaminantes, se prenden cohetes, en fin es un todo vale, vale todo....¡¡son fiestas!!!, por supuesto las autoridades están entusiasmadas porque durante unos días tienen a los ciudadanos bebiendo de su mano y bebiendo textualmente de bar en bar, de chiringuito en chiringuito.

 

«Panem et circenses» (Pan y circo) Esta frase peyorativa no es de uso actual, pero describe los mismos principios de cuando fue creada, en concreto en el Siglo I por el poeta romano Juvenal y explica la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos en el mundo de la política, provee a las masas de alimento y entretenimiento, Julio César regalaba trigo o lo vendía muy barato a sus ciudadanos. La diferencia es que a nosotros nos cobran el pan y el circo y más caro de lo habitual, pero esto no es óbice para que se siga acudiendo a la llamada fiestera cuál borregos.

 

En mi opinión el estar en fiestas no es disculpable. La razón solo tiene un camino y el que llevamos es totalmente irracional.

 

Sé de personas de Valencia que en las famosas Fallas abandonan su ciudad, procuran dejarse días de vacaciones de verano, para poder salir huyendo de tracas, humos, griterío, delincuencia y un largo etc en que se convierte su ciudad. Exactamente lo mismo ocurre en Pamplona en los San Fermines, pamplonicos que huyen despavoridos ante tamaña fiestorra que les cambia la vida. Este tipo de fiestas además, se han hecho totalmente populares fuera de nuestras fronteras, esto significa que por unos días la ciudad está tomada por personas que solo llegan atraídas a las mismas por pura diversión y se convierten en los más parecido al cafre.

 

En estos días festivaleros, no pasa nada porque la gente esté borracha y en su delirio etílico destroza entre otras cosas el mobiliario urbano, si te quejas o bien llamas la atención a alguien, siempre hay voces que se elevan ¡¡ESTAMOS EN FIESTAS!! y te miran como si fueses un marciano.

 

Existe una legislación de control de horarios, de ruidos, etcétera pero en estos días de “vino y rosas” nadie hace cumplir estas leyes, así es que el pobre ciudadano que no puede huir de su ciudad tiene que sufrir las consecuencias.

 

Nadie piensa en las personas enfermas, en los animales a los que aterran los petardos, parece que tampoco importa lo que se contamina con la quema continuada tanto de fallas como de fuegos de artificio, eso si, preocupa mucho a los gobernantes el que nos fumemos unos cigarros ¡serán sinvergüenzas! Posiblemente el señor que te mira con mala cara porque te enciendes un pitillo en la parada del autobús y hace aspavientos con las manos para demostrar que le molesta el humo de tu cigarrillo, posiblemente digo, sea el mismo gilipollas que compra petardos a sus niños y está a su lado mientras los explotan ¿y ese humo, no le molesta?

 

Así es que para que se diviertan unos, el resto se jode, ¡paciencia, estamos en fiestas! ¿Qué piensan que en fiestas los ciudadanos no trabajan, no madrugan? En fiestas se sigue haciendo una vida normal o al menos se intenta, pero no les dejan.

 

Se me ocurre una idea para la buena convivencia y es que nos den vacaciones, eso si, pagadas. Pero como esta sugerencia no hay País que la pueda soportar por sus altos costes, habrá que buscar otras formas de contentar a todo el mundo.

 

Lo ideal sería que se trasladen las fiestas a los parques municipales o a las afueras de las ciudades, de esta forma el que quiera fiesta, solo tiene que desplazarse al sitio donde está ubicada y no se molesta a los ciudadanos que continúan su vida habitual, ni a los enfermos ni a los pobres animales, ni se destroza mobiliario urbano.

 

¿Tan difícil es de llevar a cabo?

 

Me temo que si y es que esto no tiene arreglo, porque todavía hay mucho incivilizado mucha gente irrespetuosa que solo piensa en sí misma y lo demás le importa una mierda, encima cuentan con el apoyo de los Ayuntamientos que son los primeros que transgreden las leyes.

 

N. Angulo

 

 

 

 

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