SANGUIJUELAS

¿Quién a lo largo de su vida no ha tenido de “amigo” a un caradura?
Ese que no encuentra la cartera.
El que la encuentra y comenta “¡uy! no tengo dinero” o “no tengo bastante, creí que llevaba más, otro día pago yo” y por supuesto ese día no llega nunca.
El que ni siquiera se molesta en hacer el ademán de buscarla, porque parece que da por hecho que tienen que pagar los demás y ni siquiera te invita a un café.
Al que incautamente le prestas dinero y jamás te lo devuelve.
¿Y cuando se sale por ahí a tomar algo y paga una ronda cada amigo? Cuando le toca pagar al jeta, ruega mesura porque está corto de dinero; cuando la ronda la paga otro amigo, él chupón pide la consumición más cara, ¡total, paga otro!!.
También existe el caso de que invites a algunos amigos a comer a un restaurante para celebrar algún acontecimiento. Un amigo de verdad, mirará la carta para no excederse mucho en el precio; el chupóptero por el contrario, mirará el plato más caro ya que come a costa de otro.
Luego está el amigo al que le invitas a casa a cenar, por ejemplo y se presenta con una mano delante y otra detrás, no se trata de que lleve una botella de Chivas Reagal ni mucho menos, pero tampoco acudir con las manos vacías. Me parece una falta de cortesía no tener una respuesta ante la invitación llevando un pequeño detalle al anfitrión.
¿Y el que se lleva a su hijo porque no tenía con quién dejarle? Cuando llega el momento de pagar a “escote” el aprovechado pedirá que al vástago no se le incluye en la repartición porque es un niño; así es que los demás acoquinamos para pagar las consumiciones de la criatura que normalmente come y bebe más que un adulto.
Cuando este tipo de personaje entra en tu vida, al principio le das varias oportunidades (yo lo hago) y tratas de excusarle de una y mil maneras, sobre todo si te es simpático y te resulta agradable, pero llega un momento, cuando conoces más la vida del gorrón en cuestión, en que ya no valen excusas posibles.
No confundir a estos sablistas con personas que están pasando apuros económicos, bien porque estén en el paro o bien porque perciban un sueldo mísero. Normalmente este tipo de personas no salen a alternar porque saben que no se lo pueden permitir y pondrán excusas para no quedar con los amigos o bien optarán por decir la verdad, pero lo que no harán bajo ningún concepto será sacar los hígados a los amigos.
No hablo de personas que tienen este comportamiento de manera esporádica debido a despistes u otras circunstancias. Me refiero por el contrario a aquellas que han hecho del oportunismo su modo de vida.
Yo por mi parte no me ando con medias tintas, doy puerta a estas sanguijuelas y les recomiendo que se vayan a “chupar” a otro, normalmente no me he arrepentido nunca de perder a estos “amigos” por el camino.
N. Angulo
