DAÑOS COLATERALES
Ayer se cumplió un año más del atentado que sufrieron los norteamericanos y que ellos mejor que nadie se encargan de recordar al mundo entero con bastantes días de anticipación, por algo son los “reyes” del marketing, para que nadie olvide, para que se recuerde siempre. Como si fuesen los únicos en sufrir desgracias y daños colaterales.
EEUU como país poderoso que es desde hace muchísimos años, se pensaban que estaban a salvo de ataques, atentados y disturbios en su propia casa; les sucedió ni más ni menos lo que ocurre casi a diario en otras partes del mundo, sin obviar además que la mayoría de las veces estos actos violentos, están perpetrados o bien orquestados por los norteamericanos.
De la noche a la mañana sintieron su vulnerabilidad ante el terrorismo. Los civiles pedían explicaciones a su Presidente; ¿Qué pasaba, qué estaban haciendo mal, por qué a ellos?
Su Presidente como respuesta les embarcó en una guerra contra Afganistán denominada por parte del ejército estadounidense: “Operación Libertad Duradera”, cuyo objetivo era encontrar a Osama Ben Laden y otros dirigentes de Al Qaeda, señalados como artífices de los atentados del 11-S y aunque se elevaron voces civiles en contra de esta guerra, una gran mayoría del país estaba a favor, los ánimos estaban caldeados, el atentado sufrido muy reciente, clamaban venganza.
Según palabras del Presidente de Estados Unidos el fin de esta invasión a Afganistán era la de llevar a juicio a estos cabecillas y de paso derrocar al régimen Talibán porque daban refugio y apoyaban a los miembros de Al Qaeda.
¿Por qué una guerra cruel? ¿Por qué destruir un país? ¿Por qué matar a miles de civiles cuando el objetivo era
un grupo de personas? Una vez más no importaban los daños colaterales.
Por desgracia a los líderes políticos les encanta jugar a la guerra, debe tratarse de algún tipo de síndrome y en sus mentes bélicas no distinguen un soldadito de plástico o madera de un ser humano.
La realidad de las guerras, por muchas excusas que busquen los “mandamases” es la misma; el negocio armamentístico y la ambición de poder por parte de los líderes políticos. Que se ahorren explicaciones y no nos cuenten patrañas, aunque por desgracia muchas personas se las creen todavía.
Como todos sabemos, muchos años después, tras mucha sangre derramada y muchas vidas civiles destruidas, Estados Unidos por fin se cobró su venganza asesinando a Ben Laden de una manera chapucera y rocambolesca solo comparable a una película de guión absurdo y de clase “B”.
Me pregunto si de todas maneras lo iban a hacer, si el objetivo no era juzgar a Ben Laden ni a Al Qaeda sino matarlos; ¿Por qué esperaron tanto tiempo y destruyeron tantas vidas?
En todas las guerras y actos de terrorismo, hay más muertes de personas civiles que de militares. Si muere un militar no deja de ser un suceso triste, cualquier muerte violenta lo es, pero también es normal, al fin y al cabo el militar estaba cumpliendo su deber, realizando su trabajo. Mi pesar y mi dolor sin embargo los canalizo hacia la muerte de un civil, ya sea un niño, un periodista, un hombre o una mujer que sin deseo alguno de verse envueltos en contiendas son víctimas atroces, son daños colaterales.
¿Por qué estos señores de la guerra no batallan como en la antigüedad? Lejos de las ciudades y los pueblos, donde no haya muertos civiles sino de profesionales, es decir, militares. No estaría de más que a la cabecera de estas lides fuesen los presidentes de cada país y causantes de dichas guerras.
Y para terminar tampoco estaría de más que los norteamericanos recordasen además de su 11-S, las atrocidades que ellos han causado y siguen causando en el mundo y tuviesen el detalle de homenajear "in memoriam" a las víctimas.
N. Angulo



emiro-enrique-vera-suarez dijo
Es una historia triste, la norteamericana
15 Septiembre 2011 | 04:27 AM