CUENTOS VERANIEGOS (VIII)
Nuevo titular en prensa.“Otra nueva desaparición y ya van 20 mujeres en los últimos 3 meses”
TRES MESES ANTES
Me ha dicho que esta noche tenemos que hablar y yo creo que hoy será la noche.
Realmente le conozco hace poco, unos 15 días, pero estoy deseando acostarme con él. No he tenido muchos amantas, no suelo tener relaciones sexuales a las primeras de cambio, pero este hombre me tiene absolutamente embrujada. No le podría catalogar como guapo, pero tiene un atractivo y un magnetismo fuera de lo común. Es educado, de lo que ya no se ve por estos mundos y generoso, rasgo también extraño en estos tiempos en los que cada cual va a lo suyo.
¿Os podéis creer que se me enrolló en un parque? Estaba sentada en un banco a la sombra de un frondoso árbol leyendo un libro, se sentó silenciosamente a mi lado, yo le miraba de reojo y me pareció que estaba “tremendo”; alto, pelo castaño claro, bien formado y vestido con camisa y vaqueros. Los ojos no se los pude ver, llevaba gafas de sol, pero si me fijé en sus pies ya que llevaba sandalias de cuero y eran hermosos. También sus manos eran bonitas, dedos largos, morenos y bien formados.
Comenzamos a hablar sobre el libro y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en una terraza tomando algo que él insistió en pagar. No os he hablado de su voz, la tiene algo ronca, pero muy varonil y su pronunciación es exquisita.
Llevamos saliendo 15 días y estoy en una nube. No sé mucho de él, pero por su manera de hablar adivino que debe ser una persona muy culta, no sé, no habla mucho de si mismo, solo sé que está de vacaciones al igual que yo, soltero y sin familia. Realmente yo tampoco le he dicho mucho sobre mí, la verdad es que hablamos de todo pero sin rozar los temas personales. Tampoco tengo una vida muy interesante que se diga como para pregonarla a los cuatro vientos, mi existencia es más bien aburrida...bueno, todavía es pronto. ¿Qué querrá decirme esta noche? Hemos quedado para cenar y muy misteriosamente me ha dicho que tenemos que hablar.
EN LA ACTUALIDAD
Me siento realmente bien en el planeta Irexus si bien es cierto que las costumbres de sus pobladores son bastante distintas de nuestras costumbres en la tierra.
De momento en Irexus no hay hombrecillos verdes con antenas ni nada parecido, de hecho tienen un físico parecido al nuestro, al menos vestidos. Desnudos ya es otro cantar. Por ejemplo, no tienen genitales, bueno, no es realmente cierto, no los tienen donde los tenemos nosotros, sus genitales los tienen donde tenemos el pecho, ellos se aparean uniendo sus tórax de donde salen unas pequeñas ventosas que cambian de color cuando llegan al éxtasis sexual. Otra diferencia es que no engendran a sus hijos las hembras, sino los machos tras 90 días de gestación. Es curioso, les crece el pecho y el bebé sale de una ventosa que se torna azulada. Es bonito de ver, aunque extraño.
Me dijo Yarol, que así se llama mi amante, que llevan veinte años viajando a la tierra buscando mujeres que quieran venirse a Irexus para tener intercambios sexuales y crear así una nueva raza. Sus científicos descubrieron que esto era posible y sin peligro ninguno.
En Irexus ahora mismo hay unos nuevos seres que son mitad terrícolas y mitad Irexusis y no puedo decir que me desagraden, son seres distintos pero creo que tienen lo mejor de los dos planetas.
Yarol está a punto de tener a nuestro primer hijo y yo estoy que no quepo de gozo.
¿Os preguntaréis como nos apareamos? El macho introduce una de sus ventosas por mi vagina que va cargada de semen y os puedo asegurar que es una delicia. Le estoy enseñando a besar y le gusta.
Me vine a Irexus después de nuestra conversación en la tierra. Yarol me habló con sinceridad, me dijo que en su planeta no existen guerras, ni violencia, que era un planeta pequeño y armonioso donde todos vivían en paz. También es cierto que es un planeta fértil, hay de todo y en abundancia, quizás por esta razón no hay Irexusis ambiciosos ni envidiosos que es una de las múltiples causas de la violencia.
De vez en cuando bajaré al planeta tierra y recorreré durante unos días o quizá meses las calles de mi ciudad, pero ya no me reconocerán. El tiempo en Irexus transcurre de manera diferente al de la tierra, será una grata experiencia y como viajar hacia el futuro.
Por primera vez en mucho tiempo soy feliz y me siento una persona útil en Irexus, aunque todavía tengo que acostumbrarme a convivir y adaptarme a ciertos cambios.
Me cuesta trabajo no demostrar mis sentimientos, aquí no existe la risa ni el llanto.
Nada es perfecto.
N. Angulo
