PRIMER ANIVERSARIO

Se acaba de cumplir el primer aniversario de tu muerte y como cada día acudes a mi mente.
No, no noto tu presencia, no te percibo, simplemente te recuerdo.
Para mi consuelo ya no estás en mis pensamientos a todas horas, ni tan siquiera todos los días como ocurría los primeros meses después de tu fallecimiento y no lloro tanto, solo un poco.
Nos dijeron que no sufriste ¿qué sabrán ellos, qué sabrá nadie si una persona que ha fallecido ha sufrido o no?
Yo creo que sí sufriste y estoy convencida de que te asustaste, me imagino o al menos quiero imaginarme que no duró mucho, apenas unos segundos o unos minutos. Pero con lo vital que eras no se me quita de la cabeza que te diste cuenta de que algo no iba bien, de que te fallaban las fuerzas y eso te asustó porque era algo que no podías controlar y sigo estando convencida de que los segundos o minutos transcurridos desde que fuiste al wc hasta que caíste en el pasillo debieron asustarte y mucho. Debiste sentir algo parecido al terror cuando te diste cuenta que no salía ningún ruido de tu garganta cuando quisiste llamar a Rosario para que acudiese en tu ayuda, porque te notabas rara, porque algo te pasaba. Nadie ni nada me pueden convencer de que no sufriste.
Me hubiese gustado estar allí, contigo, para sujetar tus manos y decirte adiós. Tus manos...que suaves, después de todo lo que trabajaron, de todas las horas que estuvieron sumergidas en agua para limpiar, para asearnos, para asearte y sin embargo que suaves todavía y que tiernas.
Realmente tu piel era muy suave mamá, hasta Ángel me lo dice muchas veces, tienes la piel suave como la tenía tu madre.
Me hubiese gustado tener el poder de evitarte el sufrimiento, porque fuiste una mujer que sufriste y mucho y sin embargo conservabas un humor excelente.
De ti he heredado además de la piel suave, muchos de tus rasgos y según voy cumpliendo años más te veo reflejada en el espejo, en rictus, en líneas, el misterio de los genes.
También he heredado la claridad, el no callarme, el decir la verdad caiga quien caiga, aunque con unas pequeñas diferencias, con los años he aprendido a ser un poco más diplomática que tú.
Entre tus recuerdos que iban invariablemente acompañados de tristeza estaban algunos de la guerra. Me narrabas, mejor dicho nos contabas a mis hermanos y a mi mientras preparabas la cena, como llorabais de hambre tu hermana, tu madre y tú y como de vez en cuando te acercabas a tu antiguo colegio, que durante la guerra lo convirtieron en cuartel, a pedir comida a los soldados. Te acercabas con una pequeña ollita, las primeras veces con mucha vergüenza, después con menos porque podía más el hambre que la humillación. Los soldados rebañaban su rancho para poder llenar la olla y la llevabas a casa aún templada, puesto que no teníais ni para encender un mísero fuego en la cocina. Y sufrías doblemente cuando recordabas que tu madre había tenido hasta doncella, había estudiado hasta 5º de piano y solfeo y ahora tenía que vender en las puertas de la plaza de abastos ramilletes de perejil ¡que triste mamá...que triste el hambre! y que triste la guerra por el empecinamiento de unos cuantos militares soberbios, ruines y egoístas, capaces de llevar a un país a una lucha cruel con tal de ver satisfechas sus ambiciones y seguro que estos hombres no pasaron hambre, ni rogaron por un poco de comida ni vendieron ramitos de perejil a las puertas de un mercado. También nos contabas que tu hermana siempre se ponía mala cuando tocaba trabajar o mendigar un plato de comida, luego descubriste que esa enfermedad se llamaba vaguería con mucha dosis de “cara dura”.
Eras fuerte, trabajadora, empecinada, risueña, agradable y terrorífica cuando te enfadabas, independiente, siempre nos hablabas de la importancia de ser libres.
Me hacías reír y yo a ti también.
Te gustaban Antonio Machín, Jorge Negrete y Clark Gable.
Eras mi madre y te echo mucho de menos.
N. Angulo



ruedademolino dijo
Absolutamente maravilloso. Me ha impactado tu artículo Nieves. Tal vez lo a hecho porque comprendo y comparto tus reflexiones y, en la medida que puedan compararse, tus sentimientos.
Un fuerte abrazo y que Dios te dé muchios años para recordarla tal como fue.
27 Septiembre 2011 | 12:44 PM