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La Coctelera

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7 Noviembre 2011

MARQUES DE SADE (III)

Los primeros cuatro años de su matrimonio, Donatien tuvo infinidad de amantes, éstas se contaban entre actrices, prostitutas y damas de la nobleza. Posteriormente, por respeto a su esposa y sobre todo por él, por evitar futuras detenciones y encarcelamientos, procuró ser más discreto en sus hazañas amorosas, aunque su vida siguió siendo licenciosa y siempre le rodearon los escándalos. La relación con Renèe fue derivando por parte de Donatien en una gran amistad hacia ella. Renée por su parte sentía hacia Sade una amor profundo y sincero, como se puede apreciar en un fragmento de esta carta que escribió Renèe hallándose Donatien encarcelado.

 

Mi única motivación es el bienestar de mi esposo. Él es mi única razón de ser; sin él, el mundo nada significa para mí.

Renèe a Gaufridy, administrador de Sade.

 

En otra carta que escribió Renèe a Sade se expresaba en estos términos.

 

"Mi querido amigo, te ruego fervientemente que no sucumbas a tus depresiones. Adiós, mi buen niñito. Te beso. Te amo y jamás dejaré de amarte. Te beso con toda el alma".

 

Sade por su parte describía así a su esposa en una carta que envío a un amigo a los pocos meses de contraer esponsales.

 

Una mujer joven que apenas salió de la casa paterna, sin experiencia ninguna, es arrojada súbitamente a los brazos de un hombre al que jamás ha visto y obligada a jurar al pie del altar obediencia y fidelidad ciega. ¡Pobre muchacha! No creo que encuentre en mí motivos para amarme y sí para hacerme odiar”.

 

No obstante y pese a los escándalos que envolvieron a Donatien, se sabe por diversos documentos que el matrimonio entre Renèe y Sade se mantuvo dentro de la cordialidad.

 

Durante muchos años Sade fue controlado de cerca por el inspector Marais que dependía directamente del teniente general de policía Antoine de Sartine.

 

Marais era experto en seguir las actividades licenciosas de los miembros de la Corte, incluidos los miembros de sangre real y elaboraba unos diarios, que se hicieron muy famosos, donde contaba con todo lujo de detalles todas las andanzas amatorias de los nobles. Estos diarios eran entregados a su jefe el teniente general Sartine, que a su vez se los daba a leer a Luis XV y Madame de Pompadour para el divertimento de éstos. En estos diarios se hace especial referencia a Donatien que por aquél entonces mantenía una aventura con la actriz señorita Colette. Se sabe también que la compartía como amante con otro noble de la época, el señor marqués de Lignerac ya que él solo no podía con los costes de su manutención.

 

Los amoríos con la señorita Colette tuvieron que ser interrumpidos por dos razones, por un lado el marqués de Lignerac ya no la tenía de amante y él no podía mantener los caprichos de Colette y por otro y quizá el más importante, debido a la intervención de su suegra que le amenazó con cortar su asignación si no abandonaba a la actriz.

 

Dejó de lado a Colette pero tomó en su lugar a varias amantes actrices y bailarinas. Ni su suegra, ni nadie, iban a frenar sus impulsos amorosos.

 

La relación con su suegra, Marie-Madeleine de Montreuil se caracterizó por los enfrentamientos entre ambos. Su suegra contaba con buena posición e influencias en la Corte, de hecho se la conocía como la presidente Montreuil. No podía consentir que las andanzas de su yerno la dejasen en mala posición ante el Rey y la nobleza, le había costado mucho trabajo y sudor alcanzar ese estatus. Pese a todo Donatien y Marie-Madeleine tuvieron bastante complicidad, incluso se tuteaban, algo poco frecuente en esa época.

 

En 1765 Donatien toma una nueva amante, la señorita Beauvoisin una de las cortesanas más populares de la Corte francesa, este acontecimiento provoca otra fuerte disputa con su suegra.

 

Pese a los enfados y reproches de la presidenta Montreuil y los sufrimientos de Renèe, Donatien abandona el domicilio conyugal y se va a Lacoste con su nueva amante a la que además presenta formalmente a su núcleo de amistades que en algunos casos la toman como su legítima esposa. Mme. Montreuil, por su parte, desde París, se pone en contacto con su tío el abad escribiéndole en estos términos:

 

¿Usar la fuerza para separarles? Seguramente obtendría sin dificultad del ministro todo lo que le pidiera, pero esto causaría un escándalo y sería peligroso para él: así pues, no debemos hacerlo. Os ruego que no le perdáis nunca de vista porque el único modo de tratar con él es no abandonarle ni un solo momento. Así fue como logré el año pasado separarle de Colette y hacerle entrar en razón después de convencerle de que estaba equivocado. Dudo de que ame a ésta con más ardor que a la otra: era un frenesí. Todo ha ido bastante bien desde entonces hasta que esta Cuaresma se ha encaprichado de la de ahora.

 

Ni su tío el abad Jacques François, ni su suegra, lograron separar a Sade de la Beauvoisin con la que mantuvo una relación de al menos dos años.

 

 

N. Angulo

 

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