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La Coctelera

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10 Noviembre 2011

MARQUES DE SADE (VI)

En estos documentos hallados bien entrado el siglo XX, parece ser que nadie ponía en duda que hubiesen ocurrido dichos acontecimientos y se sospechaba además que las vejaciones, aunque solo las denunció una muchacha, las sufrieron todos los adolescentes que servían en el castillo de Lacoste.

 

La gran mayoría de los biógrafos actuales de Sade, dan por hecho que tras los muros del castillo de Lacoste, Donatien utilizó a los adolescentes en prácticas sexuales. Incluso barajan la posibilidad de que pudo tener la colaboración de su esposa Renèe. De estas insinuaciones no hay pruebas en absoluto, una vez más se especula.

 

Lo que si está claro es que Donatien ya llevaba años enfrentándose al clero y a la nobleza, incluida la monarquía; miraban con lupa todo lo que hacía en su vida, todo era criticado y posteriormente castigado con pena de cárcel. También se contaba entre sus enemigos, su suegra, se cree que ésta juró no parar hasta verlo encarcelado de por vida por haber seducido a otra de sus hijas, aunque no había pruebas ni documentos que lo avalasen. Si existía sin embargo documentación del temor de su suegra a lo que Sade pudiera escribir sobre la familia Montreuil, por ello en cada detención llevada a cabo contra Sade, lo primero que exigía es que le requisasen documentación que portase y se la hiciesen llegar a ella.

 

Afortunadamente aunque tenía detractores también contaba con defensores incluida su esposa Renèe que siempre estaba a su lado, incondicionalmente.

 

Renèe llegó a denunciar a su propia madre, Mme Montreuil, por el acoso al que estaba sometiendo a su esposo, el marqués de Sade, aludiendo que Donatien era acusado injustamente y que la presidenta Montreuil no perseguía al criminal, sino a un hombre que se rebelaba ante sus órdenes y voluntades.

 

Desde el escándalo de los adolescentes, Sade permaneció durante años huido de la justicia, aunque se registraba continuamente el castillo en Lacoste, siempre lograba escapar.

 

En febrero de 1777 se enteró de que su madre estaba muy enferma y agonizando, regresó a París y las autoridades, inducidos por Mme Montreuil, aprovecharon ese momento para arrestarlo en el hotel donde se hospedaba. De allí y gracias al documento firmado por el rey que tenía su suegra, le llevaron a la fortaleza de Vincennes. El primer día de su encierro Sade envió una carta a su suegra:

 

De todos los medios posibles que la venganza y la crueldad podían elegir, convenid, Madame, en que habéis elegido el más horrible de todos. Fui a París para recoger los últimos suspiros de mi madre; no llevaba otro propósito que verla y besarla por última vez, si aún existía, o llorarla, si ya había dejado de existir. ¡Y ese momento fue el que usted escogió para hacer de mí, una vez más, su víctima. Pero mi segundo propósito, después de los cuidados que mi madre requería, no consistía más que en aplacarla y calmarla, en entenderme con usted, para tomar con respecto a mi asunto todos los partidos que le hubiesen convenido y que usted me habría aconsejado”.

Carta de Sade a madame Montreuil «la Presidenta» desde Vincennes, febrero de 1777

 

Mientras Donatien permaneció encerrado en la fortaleza de Vicennes, Renèe no cejó en su lucha para conseguir la libertad de su esposo y en 1778 consiguió que se reabriese la causa de Marsella, ésta fue anulada por múltiples irregularidades; aún así Renèe no consiguió obtener la tan deseada libertad de Donatien que siguió encerrado en Vincennes durante muchos años.

 

Fragmento de una carta que Sade escribió a Renèe a los pocos meses de su encierro.

 

En el transcurso de los sesenta y cinco días que he pasado aquí solo he respirado aire puro y fresco en cinco ocasiones, durante no más de una hora cada vez, en una especie de cementerio de unos cuatro metros cuadrados rodeado de murallas de más de quince metros de altura. El hombre que me trae la comida me hace compañía unos diez o doce minutos al día. El resto del tiempo lo paso en la más absoluta de las soledades, llorando. Así es mi vida”.

 

Posteriormente cambiaron sus condiciones carcelarias que pasaron a ser un poco más cómodas. En la fortaleza de Vincennes permaneció hasta 1784 en que fue trasladado a La Bastilla. Tanto Vincennes como La Bastilla, eran dos fortalezas que estaban prácticamente deshabitadas, tenían muy pocos presos, pues estaban destinadas a los miembros de las clases altas, en estos años de encierro escribió varias obras, como Los infortunios de la virtud y ya firmaba con el seudónimo del Marqués de Sade.

 

 

N. Angulo

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