MARQUES DE SADE (VIII)
En 1784 se cerró la fortaleza de Vincennes y Donatien fue trasladado a La Bastilla. Los primeros días en la nueva cárcel transcurrieron lentamente y dedicó parte de su tiempo a escribir cartas al rey, ministros, amigos y por supuesto a Renèe, quejándose de que le habían llevado a la fuerza a La Bastilla, alegando que era una prisión donde estaba mil veces peor y mil veces más estrecho que en el lugar anterior, añadía en sus quejas que no podía ni darse la vuelta: “salgo unos minutos para ir a un patio cerrado donde huele a cuerpo de guardia y a cocina y al que me conducen con bayonetas caladas en los fusiles como si hubiese intentado destronar al Rey»
Estando en La Bastilla el marqués tuvo muchos enfrentamientos con sus carceleros, por lo que tuvieron que prohibir y requisar algunos libros de su interés, era su manera de vengarse de Donatien.
Sade cada vez daba más muestras de paranoia. A primero de Julio de 1789, aproximadamente dos semanas antes de la toma de La Bastilla, cuando ya había muchas revueltas por parte de los ciudadanos franceses, protagonizó otro nuevo escándalo; arrancó el tubo de evacuar las heces, lo asomó por la ventana y lo utilizó a modo de altavoz para incitar a los manifestantes a que liberasen a los presos que se hallaban en la fortaleza.
La respuesta por parte del gobernador de La Bastilla no se hizo esperar, escribió inmediatamente al
Gobierno en estos términos:
Como sus paseos por la torre se habían suspendido debido a las circunstancias, al mediodía se aproximó a la ventana de su celda y comenzó a gritar con todas sus fuerzas que los prisioneros estaban siendo asesinados, que se les cortaba el cuello y que había que rescatarlos de inmediato. Repitió los gritos y las acusaciones en varias ocasiones. En estos momentos resulta sumamente peligroso mantener a este prisionero aquí. Creo que es mi deber, señor, advertiros que es preciso trasladarlo a Charenton o a alguna institución similar, donde no suponga una amenaza para el orden público
Carta de De Launay, Gobernador de La Bastilla, al viceministro
Y así fue. Dos días después de los acontecimientos narrados anteriormente, los guardianes entraron en su celda y arrastrándole, sin permitirle coger sus pertenencias y apenas vestirse, le trasladaron al manicomio de Charenton.
Por desgracia en dicho traslado y en los posteriores acontecimientos de la toma de La Bastilla, se perdieron 15 volúmenes de manuscritos que ya estaban listos para que llegasen a manos de su editor, de estos envíos se encargaban o bien Renèe, o bien el el padre Amblet, su antiguo tutor.
Cuando a principios del siglo XX aparecieron cartas y documentos de Donatien, también apareció un rollo que contenía un manuscrito de Los 120 días de Sodoma, se cree que éste formaba parte de los volúmenes desaparecidos en La Bastilla.
En una carta que el marqués envío a su administrador, se expresaba así: “ En La Bastilla trabajé sin cesar, pero destrozaron y quemaron todo cuanto había, por la pérdida de mis manuscritos he llorado lágrimas teñidas de sangre. Las camas, las mesas o las cómodas pueden reemplazarse, pero las ideas… No, amigo mío, nunca seré capaz de describir la desesperación que me ha provocado esta pérdida”.
A mediados de Julio de 1789 se llevó a cabo por parte de la muchedumbre la toma de La Bastilla. Donatien que tanto había incitado a los ciudadanos para que esto sucediese, no pudo ser testigo presencial por hallarse confinado en Charenton.
En abril de 1790 y gracias a un indulto por parte de la Asamblea Revolucionaria, Donatien es puesto en libertad. Su suegra seguía poseyendo los documentos sellados por el rey (las letrres cachet), pero éstos quedaron sin vigencia. Mme. Montreuil no pudo hacer nada al respecto para evitar la liberación de su yerno. Transcurridos unos días Sade pudo ver a sus hijos que ya contaban 20 y 22 años y que no había visto durante su encierro. El marqués había perdido la patria potestad en 1787, cuando llevaba diez años de encierro.
En el momento de su puesta en libertad Donatien tenía 50 años, estaba obeso debido a la falta de ejercicio, veía con dificultad, sufría una dolencia pulmonar y estaba arruinado. Sade se veía así mismos envejecido y estaba moralmente hundido.
Su esposa Renèe, anteriormente tan leal, seguía en el convento y se negó a verle cuando fue a visitarla a los pocos días de su liberación. En estos años de revueltas se fue distanciando de Sade y volcándose en su madre en busca de apoyo y seguridad para ella y sus hijos. También empezó a tramitar la separación en unos términos poco favorables a los escasos caudales de Donatien que tuvo que devolver la dote y los intereses correspondientes. Al estar arruinado el marqués no podía pagar, por lo que le hipotecaron las posesiones heredadas a la muerte de su padre, a favor de Renèe. Otra de las condiciones de la separación le obligaba a pagar a su otrora mujer y sus hijos 4.000 libras al año; tampoco pudo asumir dicho pago debido a que sus propiedades durante las revueltas fueron saqueadas y las que quedaron eran improductivas, volvía a tener amenaza de cárcel por impago.
Los primeros meses fuera de las cárceles los tuvo que pasar en casa de un amigo que le ofreció cobijo amablemente sabiendo de su precariedad financiera, este amigo era Milly, procurador de Chatelet, además le hizo varios préstamos de dinero.
Posteriormente se alojó en casa de una amiga, Mme. de Fleurieu, que era dramaturga y estaba separada del presidente del tesoro de Lyon; ésta volvió a introducir a Donatien en el ambiente teatral de París. El marqués comprendió que tenía que hacer dinero con prontitud, para ello empezó a frecuentar a los contactos del mundo teatral de cuando formó compañía en Lacoste.
N. Angulo


mariorod dijo
un saludo amiga mia
15 Noviembre 2011 | 09:31 PM