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La Coctelera

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17 Noviembre 2011

MARQUES DE SADE (X)

En algunos de los documentos aparecidos en el siglo XX sobre Donatien, se hace mención de unos acontecimientos acaecidos mientras él fue Secretario de sección y que podrían de algún modo esclarecer por qué pudo Sade ser detenido en Diciembre de 1793 y de los que no obtuvo ninguna explicación en vida. Los hechos son los siguientes: Casualmente los Montreuil, sus suegros, residían en el mismo distrito del que Donatien era secretario y en abril recibió en su despacho la visita de su suegro rogándole que intercediera por su mujer la presidenta Montreauil y por él mismo, ya que estaban deteniendo a muchos miembros de la nobleza y su domicilio había sido precintado viéndose obligados a huir y esconderse en otros lugares. Sade no se lo pensó y les ofreció su ayuda olvidando que su suegra había sido durante años su más feroz enemiga y que gracias a sus artimañas había conseguido encarcelarle durante trece años. En la temporada en que Donatien fue Secretario de Sección y posteriormente Presidente de la misma, sus suegros no fueron molestados y pudieron contar con todo su apoyo. Sin embargo, tras la renuncia por parte de Donatien de su cargo, no pudo evitar que sus suegros fuesen detenidos y encarcelados.

 

Posiblemente esa fue la respuesta más lógica a su propia detención, el que hubiesen querido castigarle por ayudar a sus suegros y por ser haber sido un encarnizado luchador contra los métodos violentos que estaba llevando a cabo la Asamblea revolucionaria.

 

Los tiempos difíciles que pasó el marqués de Sade tras su última puesta en libertad como ya expliqué en un párrafo anterior están perfectamente documentados; mendigó, escribió a infinidad de amigos y conocidos, rogó a Renèe y fue obteniendo pequeñas ayudas de unos y otros.

 

Donatien siguió escribiendo de manera febril y publicó clandestinamente “Justine” que realmente era una versión retocada y escrita de manera más cruel de “Los infortunios de la virtud”, aunque no firmó la novela, nadie dudaba de que él era el autor de la misma.

 

Empezó a tener ataques y críticas sobre sus novelas, por ejemplo, “Aline y Valcour” que había tenido anteriormente una excelente acogida, fue declarada escandalosa.

 

En 1801, cuando visitaba a su editor para entregarle unos manuscritos, fue detenido de nuevo acusado de ser el autor de la infame e inmoral novela “Justine”. Se le encerró en Sainte-Pélagie, pero lo más cruel de todo es que no hubo un juicio.

 

Al poco tiempo de su encarcelación le trasladaron a Bicétre una institución entre cárcel y manicomio ya que se mezclaban en su interior; prostitutas, orates, mendigos, enfermos de sífilis y peligrosos criminales, todos hacinados de cualquier modo y en condiciones del todo inhumanas.

 

Constance comenzó de nuevo su peregrinar por despachos para reclamar la libertad de Donatien, acudió hasta el poder napoleónico pero fue del todo infructuoso, de hecho Napoleón Bonaparte, tras arrojar a las llamas una copia de la novela Justine, escribió: “Es el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada”. Existe un grabado de este acontecimiento atribuido a P. Cousturier.

 

Esta vez Renèe y sus hijos mayores también imploraron por conseguir la libertad de Donatien o al menos un traslado que hiciese más llevadero el cautiverio de Sade. Finalmente consiguieron que fuese trasladado a Charenton, que contaba con mejores instalaciones y los enfermos vivían en condiciones más humanas. A Donatien en dicho manicomio le diagnosticaron inmediatamente después de su ingreso “demencia libertina” y por mucho que Constance o Renèe hiciesen todo lo posible para conseguir la liberación del marqués de Sade, éste permaneció en dicha institución hasta el final de sus días.

En el manicomio de Charenton, Sade pudo contar con alguna comodidad pues gracias a su familia le confinaron un una celda de dos habitaciones. Pudo seguir disfrutando de su afición a la lectura y le dieron permiso para trasladar parte de su biblioteca. Constance prácticamente vivía con él pues la hizo pasar por su hija ilegítima.

 

François Simonet de Coulmier, un ex sacerdote que dirigía el centro, hacía la vista gorda a este hecho ya que Constante era una buena compañía para el pobre Sade y éste se estaba quedando ciego.

 

Al fin perdió la vista y tanto Francois Simonet, como algunos enfermos, o la propia Constance, le leían los volúmenes que él solicitaba.

 

Siguió escribiendo gracias a que le proporcionaban papel de enormes dimensiones para que pudiese hacerlo pese a su ceguera. También el ex sacerdote le permitió crear una compañía de teatro, los actores se contaban entre algunos enfermos y carceleros.

 

N. Angulo

 

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