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La Coctelera

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20 Febrero 2012

HERMANOS


N. Angulo. Hermanos. relaciones de hermanos.Cuando eres niño y creces rodeado de hermanos, según vas tomando conciencia, te alegra tener en casa a todas horas y cerca de ti, a los compañeros ideales de juegos. A tus compinches y aliados, casi no puedes creer en la suerte que tienes.

Los años van pasando y empiezas a ir al colegio, a tener otros amigos que te eligen y a los que eliges, unos se van alejando y de otros te alejas tú y te vas rodeando de lo que crees la “creme de la creme”; tus amigos, tus verdaderos amigos. Comienzas a comprender que la amistad es otra cosa diferente y sin apenas darte cuenta empiezas a comparar y ver la disparidad entre hermanos y amigos.

Los amigos de la escuela no buscan pelea para poder darte una zurra impunemente con la excusa de que están jugando, no te insultan, no te humillan, no te tienen envidia ni se muestran soberbios. Tus hermanos sí, pero les perdonas porque son de tu sangre y te han enseñado que tienes que querer y perdonar a tus semejantes y más cuando son tus hermanos.

Con tus amigos compartes los juguetes, te los ceden desinteresadamente y tú a tu vez les prestas los tuyos, aprendes lo maravillosa que es la generosidad. A tus hermanos les tienen que obligar tus padres a que te dejen los juegos o bien que puedas participar en ellos, al final tienes que negociar y aprendes lo que es el trueque “yo te dejo, si tú me dejas”. No te van gustando algunas de las lecciones que vas aprendiendo.

En el colegio vas presumiendo de hermano mayor y sientes un orgullo inenarrable de lo inteligente que es y quieres parecerte a él. Pero él pasa de ti y en el recreo, cuando te acercas a abrazarle te aparta y te llama pesado. Otra lección aprendida que no te gusta. El orgullo y la admiración no son recíprocos y no debes mostrar tus sentimientos.

Y te va pesando el mendigar caricias y te va pesando el mendigar sonrisas...y te va pesando.N. Angulo. Hermanos. relaciones de hermanos

Y no comprendes que te reprochen el que tu madre te dedique un poco más de tiempo debido a tu enfermedad, de hecho cambiarías los seis primeros años de tu vida con cualquiera de tus hermanos.

Sigue pasando el tiempo, ya distingues perfectamente la diferencia entre hermano y amigo, ya no comparas, es más, ya tienes claro que tus hermanos son eso, hermanos y no los eliges ni te eligen, simplemente habéis nacido de los mismos padres. Afortunadamente a tus amigos les sigues eligiendo tú y vas haciendo cribas con los que no te gustan. A tus hermanos no los puedes eliminar de tu circulo, son sangre de tu sangre… ¡Como pesa esa frase!

Sigues aprendiendo lecciones sobre la relación humana continuamente, sigues observando y estas observaciones te llevan a comprender que tus hermanos por el hecho de serlo no se tienen porqué parecer a ti, ni física ni psíquicamente, es más, te vas dando cuenta que tienes más afinidad con tus amigos que con tus hermanos…pero estos últimos son sangre de tu sangre y sigue pesando mucho esa frase.

Continúan pasando los años y aprendiendo cada día más lecciones y observas que tus hermanos te putean siempre que tienen ocasión y tus amigos evitan putearte. Que tus hermanos te hacen llorar por uno y miles de motivos y tus amigos evitan hacerte sufrir.

Cuando eres adulto te das cuentas que para llevarte bien con tus hermanos tienes que luchar a brazo partido todos los días para mantener la relación. Si quieres llevarte bien, tienes que dejar de ser tu mismo, porque te miran con lupa, te observan minuciosamente, cada palabra, cada frase y te critican, te fiscalizan, nada de lo que haces o dices les parece bien y te fatiga el tener que  disimular para agradar, para tener su beneplácito. Empiezas a cansarte.

Tus amigos te admiran y tú les admiras porque has aprendido con los años que para que una relación funcione es primordial que exista respeto, admiración y confianza, son los pilares más fuertes que sustentan la amistad.

Tus hermanos no te admiran, no te respetan, no te valoran y te sigues cansando.

Y aguantas desplantes, malas caras, malas contestaciones y continúas cansándote.

Y por fin llega el día de la liberación que normalmente viene acompañada de la madurez y te preguntas ¿Por qué has aguantado tanto? ¿Qué te han aportado tus hermanos? ¿Cuándo dejaste de ser tu mismo por agradarles y evitar discusiones?

Entonces ya satisfecho vuelves a tomar las riendas de tu vida y a mirar las cosas en su justa medida y entiendes que porque sean sangre de tu sangre no tienes porqué soportar agravios ni sufrir… y abandonas la lucha.

No les guardas rencor, ni les odias, ni les deseas ningún mal, simplemente te retiras de la contienda en la que llevas años para lograr ser amigo de tus hermanos y comprendes que ya ni quieres, ni necesitas su amistad y que si no fuesen sangre de tu sangre, posiblemente no se contarían entre tu circulo de amistades…y comienzas a respirar y tus ojos dejan de derramar lágrimas inútiles y continúas viviendo sin ese peso que tanto te lastima, sin esas cadenas invisibles pero tan fuertes que por fin rompes y sientes la liberación.

Si algunas de las personas que hayáis leído este post, tenéis hermanos con los que os lleváis maravillosamente, mantenéis una relación relajada y afectiva, de mutua admiración y respeto, os sugiero que hagáis lo posible por conservarla porque es el mayor regalo que os ha dado la vida.

 

N. Angulo

Enlace: www.nangulo.es/blog.php

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